Por Javier Martínez Aldanondo | Director de proyectos de Talentus
Porque hay cosas que hoy en día los ordenadores no pueden reproducir como el mundo real. Para aprender a hablar en público, no hay más remedio que hablar en público. Porque la manera en que aprenden las personas no tiene nada que ver con la forma en que tratamos de enseñarles. Estudiar no tiene sentido, aprender sí que lo tiene. No es natural pasarse horas sentado leyendo o escuchando cuando nos pasamos el día haciendo cosas, activos, en continuo movimiento. Y porque parte de los responsables de e-learning en las empresas son los antiguos responsables de formación y estamos en una situación que se asemejaría a poner en manos de Correos y Telégrafos el hacerse cargo del correo electrónico.
Errores más habituales al diseñar contenidos:
Tú PRACTICAS, y cuando tengas PROBLEMAS te ayudamos. Para esto es para lo que nos sirven las tecnologías. El 1 a 1 del e-learning cambia el modelo: los ordenadores no se aburren, eliminan el miedo al fracaso y al ridículo, permiten experimentar, simular situaciones reales y diferentes estilos de aprendizaje. El proceso para el alumno es el siguiente:
Ahora háganse estas preguntas:
¿Cuántos cursos conocen donde se conjuguen todos estos elementos? ¿Cuándo han visto un curso tan bien diseñado que les entrasen unas ganas irresistibles de hacerlo? Además, los profesionales no necesitan cursos, lo que necesitan son soluciones a problemas.
Llamar e-learning a lo que se hace a día de hoy me parece un poco atrevido. Hay nombres más adecuados como e-reading o e-training. Existen contadísimas personas que puedan ser consideradas expertas en este campo, que hace muy pocos años era un completo desconocido. Conocemos muy pocas experiencias de éxito y, en cambio, existe bastante confusión. Un buen profesional no es sinónimo de buen formador. Y un buen formador presencial tampoco es sinónimo de buen formador en línea.
Les brindo la ocasión de que hagan el siguiente experimento: acudan a cualquiera de los múltiples seminarios, conferencias, jornadas sobre e-learning (los hay por docenas) y fíjense en ver si son capaces de encontrar en alguna de ellas algún ejemplo real de algún curso real hecho para algún cliente real que de verdad les impacte, les resulte una experiencia interesante sobre cómo aplicar las tecnologías para que las personas aprendan mejor. Créanme, les van a sobrar dedos de una mano. ¿Por qué? Muy sencillo, porque jamás se mira el mundo a través de los ojos del alumno y porque todavía no tenemos experiencia en este campo. No podemos construir cursos para e-learning sin antes comprender cómo aprenden las personas y sin entender que estamos hablando de un medio nuevo como es Internet. Estamos empleando las nuevas tecnologías (Internet) con la mentalidad antigua (editorial), lo que es en cierta manera natural. Los comienzos del cine tienen muchas similitudes con esta situación. Las primeras películas de los hermanos Lumière trataban de filmar obras de teatro o escenas de la vida real, como Obreros a la salida de una fábrica. Tuvieron que pasar algunos años hasta que el cine desarrollase su propio lenguaje (guiones, exteriores, sonido, efectos especiales, montaje) para llegar a ser lo que hoy conocemos. Así que tenemos que ser conscientes de que, por regla general, nos encontramos en la primera generación de contenidos de e-learning, que siguen un esquema similar al de un libro de texto aunque aprovechando las mejoras que permite la digitalización, como la incorporación de la imagen, la animación, el sonido y la capacidad de poner ejercicios en línea al alumno. Estos contenidos son lineales y secuenciales y utilizan el examen como herramienta de evaluación.
Sin embargo, si hablamos de contenidos a día de hoy, seguimos hablando del hermano pobre del e-learning. La mayor parte de las inversiones económicas se están realizando en tecnología (LMS, comunicaciones, hardware), que no deja de ser un medio y nunca un fin (condición necesaria, sí, pero no suficiente). Esto nos conduce a poner un énfasis desmedido en la distribución y, por tanto, en el ahorro de costes sin preocuparse apenas por la calidad. Como resultado, las primeras experiencias de los alumnos con un curso vía e-learning resultan aburridas y decepcionantes, lo que genera una importante tasa de abandonos. No perdamos de vista que las tecnologías que empleamos para el aprendizaje son el soporte, el vehículo que nos permite un acceso más rápido, más sencillo, más completo. Pero la clave está en los contenidos. La tecnología es respecto a los contenidos lo que el envoltorio respecto al caramelo. Ambos son imprescindibles, pero lo que nuestros alumnos necesitan son los contenidos, el motivo por el que los formamos no es la tecnología, lo que van a emplear para trabajar son los contenidos. El aprendizaje dejará de ser un anexo, un paréntesis en el trabajo para integrarse y formar parte como un elemento más.
Hace tiempo leí estas dos asombrosas estadísticas:
La clave del e-learning radica en que es la ÚNICA manera de proporcionar información y conocimientos actualizados a los trabajadores (las armas clave para competir) en un entorno donde es el rápido quien vence al lento y no el grande al pequeño. Los métodos tradicionales de formación simplemente no van a poder mantener el ritmo. Todo esto es especialmente cierto en grandes organizaciones con alto número de personas que hay que formar y amplia variedad de productos y servicios. Por tanto, las empresas no quieren el e-learning, necesitan el e-learning. Y tenemos que empezar a pensar en los contenidos de segunda generación. Aquellos que están concebidos para que el alumno aprenda algo mediante la práctica de ese algo, que se basan en la idea del simulador, que son totalmente activos, en los cuales no hay teoría y la evaluación se realiza en la medida en que el alumno es capaz de completar una tarea.
Para finalizar, parece una obviedad hacer hincapié en que nos hallamos ante una magnifica oportunidad. El mercado de la educación va a ser uno de los más importantes en los próximos años (ya es el segundo en la economía estadounidense). Las empresas saben que la única ventaja competitiva sostenible es lo que saben hacer sus empleados. Y las personas son conscientes de que aprender es ya crucial para desarrollar su carrera profesional. La demanda no cesa de crecer continuamente.
Como he venido sosteniendo, no hay nada mejor que el aprendiz que aprende junto al maestro y tiene la oportunidad de mirar por encima de su hombro para ver cómo hace las cosas y recibir su consejo cada vez que comete un error. Y esto, que hasta hace poco tiempo resultaba prohibitivo, la tecnología ya nos lo permite, de manera que las personas pueden aprender de forma natural, como siempre lo han hecho. No desaprovechemos la ocasión. Hoy, cuando los alumnos se asoman a un campus virtual, o bien encuentran muy pocos contenidos o bien los que hay no les ilusionan. Como cuando vamos al cine con ánimo de disfrutar un rato, una buena película nos engancha, una mala nos aburre.
Pero mañana las cosas no serán así. La calidad de los contenidos será la clave por la que las personas se decantarán por una u otra oferta. La tecnología será transparente (al igual que lo es hoy en el caso del cine y la televisión). Y quienes empiecen a diseñar y construir contenidos teniendo en cuenta estos y otros aspectos tendrán más posibilidades de triunfar en esta aún incipiente industria del e-learning.
Ésta es la pregunta que nos deberíamos hacer siempre que vayamos a diseñar contenidos:
¿cómo podemos convertir una experiencia de recepción pasiva de información en una experiencia activa de construcción de conocimiento?
Los contenidos reinarán y aunque todavía están sin corona no será por mucho tiempo.